
Hoy comienzo el año viendo la Tv y me encuentro con La Familia Bélier y, como muchos de vosotros que la habéis visto, he quedado profundamente conmovido con un momento que me atravesó el alma: la interpretación de "Je vole" por Louane. Fue un instante mágico, cargado de emoción, que me llevó no solo a pensar en mi trabajo como pediatra, sino también en mi propia experiencia como padre. Esa canción no es solo un canto a la independencia, es una oda a la crianza misma.
Aquí os dejo un link para ver el video de la canción. Escuchar con el corazón y leer la letra: https://youtu.be/GfRY39ybeZo?si=eROhIhi_jlypKfdS
Khalil Gibran, en su poema "Sobre los hijos", escribe:
"Tus hijos no son tus hijos. Son los hijos y las hijas de los anhelos de la vida. Vienen a través de ti pero no de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen."
Mientras escuchaba las palabras de "Je vole", recordé esas líneas. Criar a un hijo es una experiencia profundamente contradictoria: desde el día que nace, lo cuidas con el deseo profundo de que un día pueda volar por sí mismo. Como pediatra, siempre he pensado en cómo acompañar a las familias en este proceso: brindarles herramientas, apoyo y seguridad para que los niños crezcan sanos y fuertes. Pero como padre, no puedo negar la mezcla de orgullo y nostalgia que sentí cuando mi propio hijo comenzó a despegar.
En la película, el momento en que la protagonista canta "Je vole" a sus padres es una declaración de amor y gratitud. Es también un recordatorio de que criar es un acto de entrega: les enseñamos a caminar, a hablar, a decidir... sabiendo que llegará el día en que esas mismas habilidades los alejarán de nosotros. Y ese es el objetivo. Porque, como dice Gibran:
"Tú eres el arco desde el cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados."
En mi caso, recuerdo perfectamente la sensación cuando mi hijo se fue de Erasmus. La mezcla de sentimientos fue abrumadora: por un lado, orgullo de ver cómo las semillas que plantamos habían florecido; por otro, un nudo en el corazón por la certeza de que ya no volvería a ser pequeño en mis brazos.
Pienso en las incontables familias que acompañé en sus primeras veces: el primer baño, las primeras palabras, los primeros pasos. Cada etapa de la crianza está llena de momentos que nos preparan, de manera silenciosa, para soltar. Y ahora, en esta etapa de mi vida, me doy cuenta de que la crianza es una lección constante de humildad: nunca dejamos de ser padres, pero aprendemos a dejar de ser imprescindibles.
Si aún no habéis visto la película, os animo a hacerlo. Y si lo hacéis, escuchad "Je vole" con el corazón abierto. Quizá, como a mí, os lleve a reflexionar sobre la belleza y la responsabilidad de criar. Recordad que criar no es retener, es preparar para volar.
Os dejo una pregunta: ¿Qué os hace sentir más orgullosos de vuestros hijos, sobrinos o pequeños que acompañéis? Me encantaría leer vuestras reflexiones en los comentarios.
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