Bienvenidos a mi blog, Berrinches y Abrazos, un espacio donde reflexionamos sobre la crianza desde el corazón y la neurociencia. Hoy quiero detenerme en el tema que da

nombre a este rincón: las rabietas y cómo los abrazos, lejos de ser un premio al "mal comportamiento", son una herramienta poderosa para conectar y guiar a nuestros hijos en su desarrollo emocional. Si alguna vez has sentido que una rabieta es un campo de batalla, te invito a replantearlo: ¿y si en lugar de luchar contra ellas, las viéramos como una oportunidad para abrazar, enseñar y acompañar?
Los berrinches, esas explosiones emocionales que tanto frustran a los padres, son un tema central en la crianza. A menudo nos encontramos pensando: "¿Qué hice mal para que reaccionara así?" o "¿Cómo puedo evitar que esto se repita?". Pero cuando miramos los berrinches desde la neuroeducación, descubrimos que no son un signo de fracaso, sino una oportunidad para enseñar y fortalecer el vínculo con nuestros hijos.
¿Qué son los berrinches y por qué ocurren?
Los berrinches son una expresión natural del desarrollo infantil, especialmente en niños pequeños, cuyo cerebro aún está en construcción. La parte encargada de regular emociones y tomar decisiones conscientes, la corteza prefrontal, no está completamente desarrollada. Durante una rabieta, esta "zona de control" queda eclipsada por el sistema límbico, la parte del cerebro que gestiona las emociones más intensas como el miedo, la frustración o la ira.

En palabras de Álvaro Bilbao, un berrinche es como un "secuestro emocional". El niño está desbordado, incapaz de razonar, y necesita nuestra ayuda para regresar a un estado de calma. Aquí es donde los adultos jugamos un papel fundamental: no como controladores del comportamiento, sino como guías emocionales.
El papel de los abrazos en las rabietas
Un abrazo durante o después de una rabieta puede parecer contraproducente para algunos padres: "¿No sería premiar el mal comportamiento?". Sin embargo, desde la neurociencia sabemos que los abrazos no refuerzan las rabietas; refuerzan el vínculo emocional y enseñan al niño que incluso en sus momentos más difíciles, está acompañado y es amado.
Los abrazos funcionan porque:
Liberan oxitocina, conocida como la "hormona del amor", que reduce el estrés y promueve la calma.
Reconectan el cerebro del niño, ayudándolo a activar su corteza prefrontal para procesar emociones de forma más consciente.
Transmiten seguridad emocional, recordándole que está en un entorno seguro donde puede expresar lo que siente sin temor al rechazo.
David Bueno lo explica perfectamente: "El cerebro humano aprende mejor en entornos de afecto y confianza. La amenaza o el castigo generan miedo, y el miedo bloquea el aprendizaje".
Cual es la actitud ideal durante una rabieta
Durante una rabieta, el niño no necesita sermones, castigos o abandono. Necesita nuestra calma, empatía y presencia. Aquí tienes algunos consejos para abordar estas situaciones de forma efectiva:
Mantén la calma: Tu propio estado emocional es crucial. Si respondes con gritos o impaciencia, el niño percibirá más tensión, intensificando la rabieta. Respira profundamente, relaja tu postura y recuerda que no es algo personal.
2. Quédate presente: No ignores al niño ni te alejes completamente. Tu presencia le transmite que no está solo en su desbordamiento emocional. Si está demasiado alterado, mantén una distancia respetuosa, pero asegúrate de que pueda verte y saber que estás ahí.
3. Valida sus emociones: Frases como "Sé que estás muy enfadado porque no puedes quedarte jugando más tiempo" ayudan al niño a poner palabras a lo que siente. Validar no significa ceder, sino reconocer que sus emociones son reales y comprensibles.
4. Evita luchas de poder: No intentes "ganar" la situación con imposiciones o amenazas. Si el niño grita, no respondas gritando; si te insulta, no tomes sus palabras como algo personal. Recuerda que está desbordado y no es capaz de medir sus reacciones en ese momento.
5. Ofrece contacto físico si lo permite: Un abrazo, una mano en el hombro o simplemente estar a su lado pueden ayudar. Si el niño rechaza el contacto, respeta su necesidad de espacio, pero dile: "Estoy aquí cuando quieras un abrazo."
6. Establece límites con amor: Acompañar no significa ceder. Si el berrinche se desencadena por algo que no puedes permitir, mantente firme: "Sé que querías quedarte más tiempo en el parque, pero ahora debemos irnos." Los límites claros, expresados con empatía, enseñan a los niños que sus deseos no siempre se cumplirán, pero que sus emociones son respetadas.
Frases que debemos evitar y alternativas empáticas
Hay frases que, aunque parezcan inofensivas, pueden aumentar la frustración del niño. Aquí algunos ejemplos:
Evita: "Deja de llorar."
Alternativa: "Está bien llorar si te sientes triste o enfadado. Estoy aquí contigo."
Evita: "Si sigues así, te voy a castigar."
Alternativa: "Esto es difícil ahora, pero vamos a buscar una solución juntos."
Evita: "Qué feo te pones cuando haces esto."
Alternativa: "Sé que te sientes mal ahora. Vamos a encontrar una forma de calmarte."
Evita: "Te estás portando mal."
Alternativa: "Sé que puedes hacerlo mejor. Estoy aquí para ayudarte."
Después de la tormenta: Reflexionar juntos
Una vez que la rabieta haya pasado y el niño esté calmado, es el momento ideal para reflexionar sobre lo sucedido. Este proceso enseña habilidades emocionales importantes:
Pregunta: "¿Qué sentías cuando te enfadaste tanto?"
Propón estrategias: "La próxima vez, podemos intentar respirar juntos o pedir ayuda."
Hablar después del desbordamiento refuerza el aprendizaje sin el estrés del momento.
Conclusión: Transformando los berrinches en oportunidades
Los berrinches no son un fracaso como padres, ni un signo de mal comportamiento en los niños. Son una manifestación natural de su desarrollo emocional. Cuando respondemos con calma, empatía y límites claros, estamos enseñando a nuestros hijos a gestionar sus emociones de manera saludable y fortaleciendo el vínculo con ellos.
Así que la próxima vez que enfrentes una rabieta, respira profundo, ofrece un abrazo (si el momento lo permite) y recuerda: detrás de cada berrinche siempre hay una necesidad de conexión, y pocas cosas son tan poderosas como el amor y la paciencia para satisfacerla.
¿Qué piensas sobre este enfoque? ¡Déjame tus comentarios y comparte tu experiencia!
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