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Pantallas, redes y educación: cómo gestionar el primer móvil de tu hijo sin morir en el intento

No sé vosotros, pero en nuestras consultas es una de las preguntas estrella. "¿Cuándo es el momento adecuado para darle un móvil a mi hijo?" "¿Le hará daño?" "¿Cómo controlo lo que ve y hace?" Son dudas lógicas en un mundo donde los dispositivos digitales han cambiado nuestra forma de vivir, comunicarnos y aprender.

El móvil forma parte de la familia y es difícil imaginar un día sin su presencia. Muchos padres han recurrido a él para calmar un berrinche, entretener a sus hijos en un restaurante o simplemente para que no se sientan excluidos de su grupo de amigos. Pero, ¿hasta qué punto es sano? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre aprovechar sus beneficios y evitar sus riesgos?

¿A qué edad es recomendable que los niños tengan un móvil?

No hay una edad exacta que sirva para todos, ya que depende de la madurez del niño, del contexto familiar y de la supervisión de los padres. Sin embargo, las recomendaciones generales son claras:

  • Menores de 6 años: Se desaconseja su uso. La Asociación Española de Pediatría (AEP) sugiere evitar la exposición a pantallas en estos primeros años de vida.

  • De 7 a 12 años: Uso limitado y supervisado, menos de una hora diaria en total.

  • De 12 a 16 años: Se recomienda un uso gradual, priorizando dispositivos sin acceso irrestricto a internet o redes sociales.

En países como Francia y Alemania, la legislación es estricta respecto al uso de los móviles en menores. Francia, por ejemplo, prohíbe los móviles en colegios para menores de 15 años. Además, un informe gubernamental ha propuesto prohibir smartphones hasta los 13-14 años y limitar redes sociales hasta los 15-16.

Los riesgos del uso excesivo del móvil


Los dispositivos digitales pueden ser herramientas fantásticas si se usan bien, pero también conllevan riesgos:

  • Alteraciones del sueño: La luz azul de las pantallas reduce la producción de melatonina, afectando el descanso nocturno.

  • Impacto en la salud visual: Según estudios recientes, el uso prolongado de pantallas incrementa el riesgo de miopía hasta un 21% por cada hora extra de uso diario.

  • Problemas de salud mental: La sobreexposición a redes sociales y contenido digital está vinculada a aumentos en la ansiedad y depresión en adolescentes.

  • Impacto en las relaciones sociales: Aunque pueden conectar a los niños con sus amigos, también pueden fomentar el aislamiento si reemplazan las interacciones cara a cara.

  • Relación con el autismo: Se ha investigado el impacto del uso de dispositivos digitales en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Aunque algunos estudios sugieren que ciertas aplicaciones pueden ayudar en la comunicación y el aprendizaje, también se ha observado que el uso excesivo de pantallas puede afectar las habilidades sociales y aumentar la rigidez cognitiva en estos niños. Por ello, se recomienda un uso controlado y supervisado de la tecnología en niños con TEA, adaptado a sus necesidades individuales.

Pero también tiene ventajas

No todo es negativo. Un uso equilibrado y supervisado puede aportar muchos beneficios:

  • Desarrollo de habilidades digitales: Aprender a manejar herramientas tecnológicas es esencial en la educación y el futuro profesional.

  • Acceso a información y aprendizaje: Plataformas como Duolingo, Khan Academy o apps de programación pueden enriquecer su aprendizaje.

  • Facilidad de comunicación: Permite estar en contacto con familiares y amigos, especialmente en situaciones de emergencia.

  • Fomento de la creatividad: Aplicaciones de edición de fotos, vídeos o incluso de música pueden potenciar su creatividad.

Normas para un uso saludable del móvil

Si decides que tu hijo tenga un móvil, es clave establecer normas desde el primer momento:

  1. Tiempo limitado y decidido por los padres: No más de una o dos horas al día, según la edad.

  2. Nada de móviles durante las comidas: Es un momento de convivencia y debe respetarse.

  3. Fuera del dormitorio por la noche: Evita interferencias con el sueño.

  4. Predicar con el ejemplo: Si los padres están siempre con el móvil, los hijos harán lo mismo.

  5. Supervisión de contenidos y aplicaciones: Revisar qué ven y a qué tienen acceso.

  6. Educar en seguridad digital: Explicarles el riesgo de compartir información privada o fotos comprometidas.

  7. Evitar el ciberacoso: No permitir el uso del móvil para insultar o acosar a otros.

Conclusión

Los dispositivos móviles han llegado para quedarse, pero su uso en la infancia y adolescencia debe ser responsable y supervisado. La clave está en educar a los niños sobre los riesgos, enseñarles a usar la tecnología de forma saludable y poner límites claros.

Como padres, nuestra misión no es prohibirles el acceso al mundo digital, sino acompañarlos en su aprendizaje, asegurándonos de que lo hagan de manera segura y equilibrada.

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