¿Y cuándo juega tu hijo?. Padres carpinteros, padres jardineros
- JOSE ANGEL BILBAO SUSTACHA
- 24 mar
- 4 Min. de lectura

Sabéis que uno de los temas que más me apasionan es la crianza infantil y su relación con la neurociencia. Desde que descubrí a Allison Gopnik en un programa de TV llamado Redes, presentado por Eduard Punset, se convirtió en una de mis referentes. Sus ideas han resonado profundamente con mi experiencia como pediatra.
En consulta, estoy acostumbrado a ver niños con agendas repletas de actividades extraescolares. Muchas veces, después de escuchar un listado interminable de tareas, simplemente pregunto:
“¿Y cuándo juega?”
A veces, me sorprende cómo esas actividades llegan a tener más importancia que acudir al logopeda o incluso al psicólogo. Es algo que todavía me cuesta entender.
🌱 Carpinteros y jardineros: dos formas de criar
La psicóloga y filósofa Allison Gopnik plantea una distinción clave entre dos estilos de crianza: el padre carpintero y el padre jardinero. Una metáfora sencilla que encierra una verdad profunda.
🪵 El padre carpintero: moldear a los hijos
Los padres carpinteros ven la crianza como un proyecto de construcción. Si siguen los pasos adecuados, creen que podrán dar forma al niño perfecto. Su intención suele ser buena, pero el enfoque puede ser rígido:
Planes detallados para cada etapa de desarrollo.
Preocupación constante por tomar la decisión correcta.
Miedo a los errores.
Visión lineal de la crianza: esfuerzo = resultado.
Este modelo puede ofrecer estructura, pero también genera presión y ansiedad, tanto para los padres como para los niños.
🌿 El padre jardinero: cultivar el crecimiento
Los padres jardineros, en cambio, no moldean, sino cultivan. Entienden que el desarrollo infantil no sigue una hoja de ruta, sino que florece en entornos ricos, diversos y afectivos.
Fomentan la curiosidad y la autonomía.
Acompañan sin imponer.
Permiten explorar, fallar, aprender.
Aceptan que el futuro es incierto, y que está bien que así sea.
Este enfoque tiene un fuerte respaldo en la neurociencia del desarrollo: el cerebro infantil crece mejor en entornos de juego, libertad y vínculos seguros. Las experiencias no estructuradas refuerzan la corteza prefrontal, responsable de habilidades clave como el autocontrol, la empatía y la creatividad.
🎒 El exceso de actividades: un síntoma del modelo carpintero
En consulta lo veo a menudo: niños con días milimetrados. Colegio, música, inglés, fútbol, robótica... y luego deberes. Si hay tiempo, cena y a dormir. Día tras día.
¿Dónde queda el juego libre? ¿El aburrimiento creador? ¿El tiempo sin guiones?
1. Menos juego libre, menos descanso
El juego libre no es un lujo ni una pérdida de tiempo, es una necesidad del cerebro en desarrollo. Es ahí donde los niños aprenden a imaginar, a negociar, a resolver conflictos, a crear.
Además, una agenda saturada reduce el descanso y puede afectar tanto al estado de ánimo como al sistema inmune.
2. Estrés y sobrecarga emocional
Los niños también se estresan. Algunos síntomas que veo en consulta:
Agotamiento y desmotivación.
Dolor de barriga, de cabeza, insomnio.
Irritabilidad o retraimiento.
Bajo rendimiento escolar por fatiga acumulada.
3. Pérdida de autonomía y autoexploración
Cuando cada minuto está planificado por un adulto, el niño no tiene espacio para descubrir qué le gusta de verdad. Todo se convierte en respuesta externa, en rendimiento. Y se pierde una parte esencial del desarrollo: la autorregulación.
4. Éxito como única meta
Este modelo refuerza una narrativa peligrosa: hay que ser el mejor. A cualquier coste. ¿El resultado?
Competitividad precoz.
Miedo al error.
Sensación de que solo valgo si obtengo logros.
5. Vínculos que se debilitan
Cuando todo está estructurado, cuesta encontrar momentos reales de encuentro. Comer juntos sin prisas. Jugar con mamá. Pasear con papá. Reírse en pijama. Esos momentos que no salen en las redes, pero que alimentan el alma.

🔍 ¿Y por qué caemos en este modelo?
🔸 El sistema educativo
Desde muy pequeños, los niños son evaluados y etiquetados por su rendimiento. Y los padres sentimos que debemos cumplir con cada hito en el tiempo "correcto".
🔸 La presión social
Las redes sociales nos muestran una crianza ideal que no existe. Y sentimos culpa. Ansiedad. Miedo de no estar haciéndolo bien.
🔸 El mundo laboral
Muchos padres no tienen tiempo. Las largas jornadas hacen que llenar la agenda del niño parezca lo más práctico. Pero eso tiene un coste.
🌼 La propuesta de Gopnik: volver a lo esencial
Allison Gopnik nos invita a confiar en la capacidad natural del niño para aprender. A dejar espacios vacíos. A escuchar. A observar. A bajar el ritmo.
Desde la mirada jardinera:
El exceso de actividades limita el terreno fértil de la infancia.
Las estructuras adultas no siempre responden a necesidades reales del niño.
El juego libre, el aburrimiento, la espontaneidad... son nutrientes esenciales del desarrollo.
🌱 ¿Qué podemos hacer?
Valorar el aburrimiento: de ahí nace la creatividad.
Dejar huecos en la agenda: no todo tiene que ser productivo.
Escuchar de verdad: no todas las actividades que nos parecen útiles lo son para ellos.
Diferenciar entre actividad y ocupación: moverse libremente no es lo mismo que seguir instrucciones.
Revisar nuestras expectativas: ¿lo inscribimos por su interés o por nuestra ansiedad?
💬 Conclusión: criar con confianza y libertad
Vivimos en un mundo que nos empuja a ser carpinteros. A planificar, dirigir, controlar. Pero la infancia no necesita planos. Necesita tierra, sol, agua y tiempo.
La neurociencia, la psicología y la experiencia nos lo recuerdan: los niños no se construyen, florecen.Y nuestra tarea no es moldearlos, sino acompañarlos con
presencia, humor y amor.
La pregunta no es “¿qué será mi hijo de mayor?”, sino:¿quién es mi hijo ahora y qué necesita para crecer en plenitud?
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